Música-Music

Maia Basso

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Maia Basso

Música-Music

La primera vez que conocí a Maia fue hace doce o trece años atrás. La excusa fortuita era la confección de una revista digital que nunca vio la luz. De allí en adelante, como si obedeciésemos a una fuerza magnética ordenadora y superior, fuimos compartiendo diversos proyectos de trabajo. Primero vino una revista independiente y un programa de radio en los albores de Planeta Cabezón que lograron, más o menos, mantenerse en pie. Luego, una infinidad de cruces en materia audiovisual. Teníamos veintipocos años, siempre vivíamos en casas precarias, con humedad, muy pocas herramientas y muchísimas ganas de hacer. Para ese entonces el mundo de la composición musical apenas estaba asomando a su vida.
A lo largo de los años, el devenir azaroso (¿?) de nuestras vidas (y junto a la de Lilen, su -más que amiga- hermana) nos fue cruzando intermitentemente en reuniones, festejos y experiencias laborales bizarras. Pero algo se mantuvo constante: Mai pasó a ser ese tipo de amistades con las que unx no se ve seguido, pero conoce y quiere muchísimo. Cada encuentro implicaba e implica una huella, y eso, como dicen las abuelas sabias, es el fruto de juntarse con personas más inteligentes que unx.
Una de las cosas que más admiro y he aprendido de Mai es su fortaleza y sinceridad. Esa frontalidad, y ese plantarse de manera incisiva no solo le han permitido concretar proyectos maravillosos como Aguaviva, los cruces con nuestro diseñador favorito (Manu del Mar), colaboraciones con decenas de artistas locales, producciones con los chicos del sello Polvo Bureau y ahora su faceta solista; sino también surfear olas –que vaya si las ha tenido- demoledoras. Hay algo en su esencia, juncal, que adivina el punto exacto y necesario entre la dureza y la ternura.
Hace un mes atrás, cuando vi la publicación del flyer que anunciaba la presentación oficial en vivo de “La pregunta última” tuve, lo juro, una premonición. Me dije a mí mismo: “¿por qué no le escribís a Mai y le ofrecés registrar fotográficamente TODO el proceso del recital?”. Sabía, de alguna manera, que detrás de esa fecha iba a haber un laburo a pulmón fuera de serie. Y que algo del orden de las emociones más viscerales estaba puesto en juego. Lo supe por su forma de hacer las cosas y porque –no hay que ser un genix para deducirlo- conozco cómo suele tratar esta ciudad a lxs artistxs. La cuestión es que por temor a que la vorágine laboral me llevase puesto, no le dije nada. Pero el universo opera de maneras extrañas, y faltando dos días para el recital recibo un audio de Mai pidiéndome un presupuesto y ofreciéndome cubrir el evento. Hace ya rato que no creo en las casualidades.
Este registro fotográfico es un intento -limitado pero sanguíneo- de retratar lo que no se ve. El esfuerzo inagotable, el espíritu mancomunado y de congregación, el remarla en un mar de dulce de leche, el estar presente en cada uno de los detalles y esa combinación tan propia y profunda a la que Maia nos tiene acostumbradxs: el amor y las sombras de estar vivx.